jueves, marzo 28, 2013

Neige


Soy la nieve.
Nunca pensé ser la nieve,
porque verdaderamente, no lo soy.

No por fría, ni por tan blanca.

Más bien por biombo sonoro.
Por esperanza de cambio
Por pausa en el camino
Por aprendizaje de lo desconocido
Por pérdida al miedo del frío
De la misma pérdida

Por el brote que se esconde
Tras la escarcha sin nombre.

miércoles, febrero 13, 2013

No nos olvidemos de la cabeza


Estoy terminando una maestría en una institución kafkiana: almacena toda la programación, sin parar 24/7 de televisión y radio francesa.  ¿Por qué no seleccionan? Porque un algoritmo, les dio por resultado que seleccionar era más caro que almacenar todo sin cortes.  Luego, se podrá buscar según día, hora, canal, medio, lo que se requiere para diversos objetivos.
La experiencia ha sido maravillosa, agotadora y una inmersión absoluta en lo que significa manejarse en la era digital de hoy, mañana y con vistas a pasado mañana.  Pero tampoco tan lejos.
La era digital nos ha vuelto kafkianos a todos.  Somos almacenadores de cientos de miles de fotos, de videos, de textos, de cientos de archivos, que no sabremos si podremos leer en veinte años más, como podemos hoy leer las cartas escritas hace cinco siglos.  Los símiles a los paleógrafos en la actualidad, recién estamos comenzando a nacer, pero no viviremos para siempre, y la proyección de los sistemas de migración digital, son un desafío día a día.  Tampoco es el Apocalipsis.  Los escribanos de hace cinco siglos, tal vez tampoco imaginaban que los humanos, con ingenio y trabajo, nos las arreglaríamos para leer sus manuscritos públicos y privados, descifrando, como alguien se romperá la cabeza en un siglo más, para descifrar un archivo XML normalizado.  Quién sabe.
Pero hay algo que me da vuelta dentro de toda esta historia: nuestra cabeza.
La capacidad impactante de captar (consciente o inconscientemente), clasificar, asociar, nombrar, almacenar de nuestras cabezas.  (Y usar esa misma cabeza para tratar de entenderlo, termina siendo siempre –tal vez felizmente- limitado).  Las bases de datos más desarrolladas no hacen más que intentar imitar -vaga y torpemente-  el funcionamiento de nuestros lóbulos, sistema neuronal y sinapsis (que me perdonen los neurólogos, pero no soy especialista en el tema).
Y no quiero pecar de nostálgica, pero con tanto almacenamiento Cloud, disco duro, dropbox, Drive, servidores monstruosos, etc, nos olvidamos que hace quince años, nos sabíamos todos los teléfonos de nuestros cercanos de memoria.  También sus cumpleaños.  También sus direcciones, sin necesidad del gps encendido 24/7.
Por cierto que no estoy de acuerdo con la memorización sin sentido.  Pero la memorización conlleva en si misma también un sentido: es una herramienta siempre a mano, cuando no hay luz, cuando se descargó la batería, cuando los sistemas se caen.  Si cuando niños aprendimos que 3 x 3 era igual a 9, siempre –salud mediante-, tendremos nuestra memoria a mano.  Un servidor fiel, que nos acompaña 24/7, y que no debemos olvidar tener en movimiento, en medio de la externalización de la memoria.  La importancia de las imágenes que están almacenadas en nuestros smartphones, tienen sentido porque recordamos dónde las registramos, con quién estábamos, y qué sonidos, olores, recuerdos y sensaciones nos trae volver a mirarlas.  No nos olvidemos de eso.  Sin nuestro servidor mental, no somos nada.

martes, febrero 05, 2013

L'hiver


Ponerse el gorro
Sacarse lo guantes
Sacarse el gorro
Ponerse los guantes

Soltar la bufanda que ahorca
Volver a ponerse el gorro
Gorro, guantes, guantes, gorro,

La bufanda que respira
Los ojos que se empañan

Dedos de yemas insensibles
Pierden el gorro
Los guantes
El frío
La sangre

Se camina rígido
Se quiebra el hielo
La nieve crackea bajo los pies

Guantes
Gorro
Bufanda
Bufanda, guantes, gorro
Entran y salen;
Se ponen, se sacan, se pierden
En el acto masturbatorio del invierno

En casa es igual.
Abrir y cerrar cortinas.
Cerrar y abrir
Entra y sale
luz, noche y gris.

El frío es como la vergüenza,
te penetra vestida,
y sin compasión.

domingo, enero 13, 2013

El Sol es la Única Semilla



Vivo en la realidad.
Duermo en la realidad.
Muero en la realidad.

Yo soy la realidad.
Tú eres la realidad.
Pero el sol
es la única semilla.

¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo
sino un cuerpo prestado 
que hace sombra?

La sombra es lo que el cuerpo 
deja de su memoria.
Yo tuve padre y madre.
Pero ya no recuerdo
sus cuerpos ni sus almas.

Mi rostro no es su rostro 
sino, acaso, la sombra, 
la mezcla de esos rostros.

Tú haces el bien o el mal.
Tú eres causa de un hecho,
pero: ¿eres tú tu causa?

Te dan lo que te piden.
Piden lo que te dan.
Total: entras y sales.

Dejas tu pobre sombra 
como un nombre cualquiera
escrito en la muralla.

Peleas. Duermes. Comes.
Engendras. Envejeces.
Pasas al otro día.

Los demás también mueren
como tú, gota a gota, 
hasta que el mar se llena.

¿Has pensado en el aire
que ese mar desaloja?
Tú y yo somos dos tablas
que alguien cortó en el bosque
a un árbol milenario.

Pero ¿quién plantó ese árbol
para que de él saliéramos
y en él nos encerráramos?

A ti no te conozco,
pero tú estás en mí
porque me vas buscando.

Tú te buscas en mí.
Yo escribo para ti.
Es mi trabajo.

Vivo en la realidad.
Duermo en la realidad.
Muero en la realidad.

Yo soy la realidad.
Tú eres la realidad.
Pero el sol
es la única semilla.


(Gonzalo Rojas)

domingo, noviembre 11, 2012

Nosotros los de Entonces... A propósito de las Elecciones Municipales 2012


   Conversando en cóctel ameno con gente chilena, salió el tema de las últimas elecciones edilicias.  Bonita paradoja, considerando que éramos puros chilenos con legítimo deseo de hacer mejorar nuestro país con nuestra experiencia y capacitación en el extranjero, y que no tenemos derecho a ejercer el voto.  En fin.  Mi punto ahora es otro.
  En Francia, país donde vivo actualmente, el porcentaje de abstención en las últimas elecciones cantonales 2011 rozó el 55%.  Obviamente en las elecciones presidenciales este porcentaje disminuyó (abstención cercana al 20%), porque las elecciones presidenciales convocan más gente, son más llamativas, y en el caso específico del año 2012, hubo muchos franceses que se levantaron con gusto para castigar o no a Sarkozy por su mandato.
  Considerando que ambos países poseen ciertas similitudes culturales (nuestro sistema político y cultural-institucional ha tenido históricamente influencias francesas), no hay que ser experto para saber que Chile es un país que tiene un camino largo hacia el desarrollo económico, político y cultural todavía, no necesariamente para “alcanzar” a un país del primer mundo, sino (y tal vez aún mejor), para encontrar aquel camino propio, abierto a otras experiencias positivas, que históricamente las naciones latinoamericanas han deseado.  Desde Simón Bolívar, a nuestros días.
   Pero bueno, volvamos al tema de las últimas elecciones comunales en Chile.  La expectación era amplia.  Basada principalmente en tres puntos: Primero, corroborar ciertamente cuán conectado están los electores con las fuerzas políticas presentes en el juego (gobierno-concertación-independientes), más aún después de las movilizaciones sociales del año 2011.  Segundo, intentar analizar el nuevo padrón electoral, surgido de la nueva ley que hizo el voto voluntario y la inscripción automática (contraria a la antigua que obligaba a votar para siempre –salvo excepción de excusa formal-, si decidías inscribirte después de cumplida tu mayoría de edad a los 18 años).  Y, por último, estas elecciones resultaban interesantes, porque hubo acotados experimentos, como el sucedido en Providencia, en que mediante primarias no partidistas, se eligió un candidato común, con el fin de derrotar a un contrincante varias veces reelegido anteriormente, vinculado históricamente a la imagen de la dictadura militar.
   El porcentaje de abstención en las últimas elecciones edilicias en Chile, fue aproximadamente de un 60%.  No muy lejano al 55% recién citado de las elecciones cantonales francesas (el porcentaje de las municipales 2008 fue un tanto menor), donde la inscripción es automática, el voto voluntario, se puede votar desde el extranjero, o por “procuración”, es decir, dar un poder a alguien para que vote por ti.  Todos quienes estábamos pendientes de las elecciones, el porcentaje de abstención nos apretó un poco el estómago.  Personalmente me acordé de la reciente abolición de las clases de educación cívica de los colegios (los conceptos de “excepción constitucional” o “moción de ley”, los aprendí en la secundaria), de la falta de voluntad para hacer aquel día el transporte gratuito, de los chilenos que no podemos votar en el extranjero.  Pero, y adentrándose aún más en el análisis, no menor resultó la siguiente conclusión que leí también en varios tuits o reflexiones en redes sociales.  Se sabe que en un sistema de voto voluntario, quienes más votan, son la gente que ha tenido más acceso a educación.  Por tanto, se esperaba, que fuera la gente con más dinero del país, normalmente con tendencias a la derecha política, quienes acudieran a las urnas.  Pero las cifras no fueron tan lógicas.  La derecha perdió bastiones importantes, no sólo Providencia y Santiago, sino también otras comunas donde las encuestas daban por ganador a su sector (encuestas: otro sector desacreditado en estas elecciones).  ¿Qué pasó entonces?    ¿Resulta que quienes se levantaron a votar ese domingo no son los más educados? ¿O es que finalmente sobre-estimamos a nuestra derecha, pensando que está mucho más educada de lo que pensamos?
   ¿Por qué la derecha no logró hacer que sus votantes se levantaran a votar? ¿Qué habría pasado si el transporte público hubiera sido gratuito? (moción que la misma derecha desestimó por encontrarlo un gasto excesivo).  ¿Tal vez la derecha no conoce tan bien a su electorado, y resulta que con micro gratis, sí se habrían levantado a votar?  ¿O es que finalmente las razones son también ideológicas, y la derecha, cuyo gobierno ostenta el 30% de aprobación, no tuvo la capacidad suficiente, ni con jingles creativos, ni con empapelamiento de sonrisas blanqueadas, de arrastrar a su electorado?

   Otras preguntas quedan también en el aire.  Es que el voto, tanto en estas elecciones, como en otras en Chile y en el mundo, ¿se está transformando más en un castigo, que en una aprobación?  Históricamente sabemos que cualquier coalición política bien articulada, con un sentido de oposición claro, tiene altas probabilidades de ganar una elección.  Ese fue el caso del plebiscito de 1988, y de la derrota de Cristián Labbé en Providencia. 

   Nuestra sociedad chilena se ha ido transformando, y los cambios son evidentes.  Nuevas generaciones han cursado estudios superiores, nuestro problema mayor ya no es el hambre, ni el analfabetismo, sino la superación de la pobreza y la mejora de la calidad de vida de las personas.  Aquello no está en discusión.  La sociedad chilena está más educada, y esas personas, no necesariamente son de lo que tradicionalmente se ha conocido como la elite nacional.  Son hijos de padres y madres trabajadores esforzados, que mediante sangre, sudor y endeudamiento, han puesto la esperanza en que la educación es la mejor herencia que pueden dejarle a la nueva generación.  Y esas familias de “clase media” (palabra que tanto le ha gustado acuñar a la derecha los últimos años), no están dispuestas a ceder un paso más.  Porque les dijeron que educando a sus hijos saldrían de la pobreza.  Y esos hijos endeudados ahora quieren encontrar un trabajo, un espacio, y una participación en la vida diaria y en las decisiones de su país.  Por eso padres, hijos y abuelos de lado y lado salieron a las calles a marchar el año 2011.  Y una sonrisa sin logo de partido, o un par de promesas de reelección, ya no les bastan para levantarse en la mañana o para marcar su voto como lo han hecho siempre.  Ya sea porque la coalición que les representaba, ahora les resulta ajena, porque salga quien salga “tendrá que seguir trabajando igual como siempre”, o porque simplemente, (materialismo histórico mediante), ese domingo no tenían dinero para trasladarse y entrar a la urna a votar.

lunes, noviembre 05, 2012

Viajante temporal en el Trópico

®Judith Silva
®Judith Silva

El trópico tiene todo lo que no recomienda el doctor: exceso de humedad, exceso de calor, exceso de mosquitos, flora y fauna desconocida, exceso de sol, frituras, deshidratación y un largo etcétera.
Descubrí en carne propia este verano además, que revoluciona el sistema hormonal femenino.  Sí.  No sólo porque anden algunos cuerpos esculturales por ahí a torso desnudo, o inflingiendo movimientos pélvicos asombrosos en las discotheques locales.  No.  Toda la suma de factores tropicales descrita (y seguro que otros más), sumados al jetlag del viajante temporal, puede ocasionar vaivenes bastante asombrosos en su progesterona y estrógenos (a tener en cuenta señorita soltera).
También, y sonrójese usted con la confesión, por mucho que yo crea en el determinismo geográfico (tema ya tratado en este humilde blog), debo decirle que sin aire acondicionado, toda esa maravilla que se desata en la líbido tropical, corre el riesgo de perderse, cual futbolista de la costa jugando en el altiplano.  No hay cuerpo extranjero que aguante el ejercicio sexual a esa humedad y temperaturas.  Así es que por salud, procúrese al menos un ventilador.
Saliendo de este tema a veces no tan evidente, cuando usted tenga la fortuna de visitar tierras tropicales, donde sea que estas se encuentren, además de, por cierto, jamás olvidar el repelente, no olvide nunca su ritmo.  El ritmo tropical es otro.  Nosotros, habitantes de clima mediterráneo, (sobretodo de grandes capitales), queremos todo para ayer.  Quince minutos de tardanza del plato en un restaurant, es motivo de reclamo.  En el trópico, olvídese.  Imagínese el pentagrama, y recuerde la diferencia de la semicorchea y la blanca con punto.  El trópico es la blanca con punto.  A veces con matices lunares ingrávidos.  Una buena recomendación por ejemplo, es llevar cartas (naipes), dominós o cualquier tipo de entretención liviana mientras espera antes de desfallecer de hambre.  Aún cuando no sea algo elaborado.  El tiempo de espera, no guarda relación a veces con la sofisticación.
Todas estas son recomendaciones bien obvias, pero siempre necesarias: no busque lo que en otras partes abunda.  Es como el consejo del buen viajero.  Disfrute lo que hay.  No se esmere en encontrar una librería con artículos científicos de última generación.  Tampoco se exaspere por la lentitud de Internet.  Respire, bucee, coma pescado fritangueado, acuérdese cuándo fue la última vez que se quedó mirando un mar turquesa (modo cliché favorito de los catálogos turísticos).  Cuándo fue la última vez que regateó en un mercado oliente a especias.  Y cuándo fue la última vez que se bañó en un mar tan salado, que no se hizo necesario  aletear demasiado, para simplemente, flotar.

martes, octubre 16, 2012

La vida ¿Es corta? ¿Biofilia a todo precio?

Estuve mirando aleatoriamente algunos post de este blog.  Me parecieron tan naif algunos (me excuso por lo emo del comentario, pero cada cosa que escribo, todavía me sigue pareciendo naif).  Es que no ha pasado poco tiempo tampoco. Siete años carajo !
Y entonces me pongo a pensar por dónde diantres pasaron tantos años.  Y en las cosas que te dicen las personas añosas desde que tienes memoria "La vida es muy corta, hay que aprovecharla" "No te das ni cuenta y ya no tienes la salud para hacer todo lo que querías hacer".  Yo me estoy recién asomando a la treintena, así es que tampoco es que esté declarando mis últimas palabras (espero), pero tampoco creo que la vida sea taaaaan corta.  Últimamente me molesta tanto la conducta biófila de las sociedades occidentales.  En mi reciente viaje a Toronto por ejemplo, fumar es visto con un horror que sólo había visto en las películas gringas.  (Sin embargo, bien que se comen unos bacon fritos con huevo sin asco al desayuno).  La prohibición de fumar en cualquier parte (incluso terrazas), la enfermedad absoluta por la vida sana (y ojo que yo soy una persona que lleva una vida relativamente sana, como verduras y hago todos los intentos por hacer deporte), me resultan altamente sospechosas.
Asumo acá que mi ateísmo no favorece concesiones a la biofilia occidental.  No creo que la vida le pertenezca a ningún Dios en particular, ni que seamos herramienta de alguna religión para llevar a cabo una misión precisa.  Creo que la vida tiene que vivirse lo mejor posible, sí.  Obvio ! Y tampoco creo en las casualidades.  Creo en la bondad de las personas, y que todo, todito lo que haces, tiene una buena o mala consecuencia acá mismo, en la tierra que estamos pisando.
Dicho esto, atiendo la primera pregunta del título.  Por cierto que la respuesta de si la vida es corta, es muuuuy relativa.  Para una persona enferma, o que está sufriendo, la vida se puede hacer eterna, y por eso, como sucede en algunos casos, es bueno tener el poder de decidir terminarla antes por decisión propia (he ahí otro tabú de nuestras sociedades: no a la eutanasia, condena religiosa al suicidio, etc).  Por el contrario, para una persona que disfruta mucho, y que dice literalmente "amar la vida", ésta le puede parecer cortísima y digna de vivir minuto a minuto.
Normalmente para las personas, digámonos, jóvenes, falta mucho paño por cortar todavía.  Entonces la frase de "la vida es muy corta", no es más que una repetición verbal para justificar actos que no tenemos ganas de justificar: "Para que darle vueltas, la vida es muy corta".  Y muchas veces, es una opción bastante sana.

Como no pretendo ser un blog de autoayuda ni psicomagia a la ligera, creo fervientemente que la vida se hace corta para quien no hizo lo que quería, o -en su defecto- no quiso lo que hacía en su momento.  Para quien tomó decisiones pensando demasiado en otros, en convenciones, para quien razonó demasiado y no puso atención a su guata.  O también para quien usó demasiado la guata, y olvidó que hay que pensar un poquito a veces.  Todo esto, acompañado también de quién no miró suficientemente a su alrededor para gozar de las personas que ama y amó, de los amigos, de los lugares, de la familia, de los amores.
Supongo que nadie quiere llegar a viejo y decir "se me fue la vida y nunca hice lo que quería".  Hasta me resulta difícil imaginar que alguien pueda decir eso sinceramente.  Personalmente creo que hay una sola cosa que no me gustaría decir llegando a vieja (y que quede constancia en este viejo blog de aquello): "No quiero vivir más, ¿por qué no me dejan morir en paz?".  Porque, por el momento, estoy trabajando duro en descubrir todos los caminos que quiero y tengo por hacer.
Linda inocencia la de la juventud.  Salud por eso, já !