domingo, abril 15, 2012

Fotografíame los 30


En París.
Rodeada de amor de nuevos y viejos amigos.
Cantando, bailando.
Pensando con la mirada pegada en mi ventana verde.
La que da justo a un agujero entre follajes del Parque Montsouris.
Escuchando pasar el tram de ida y de vuelta, levantándome y abriendo la cortina con la esperanza que hoy sí haya salido el sol de una primavera que, se supone, ya empezó.
Con una súbita lumbalgia que incluyó médico, inyección, medicamentos, visitas, guatero y masajes. Ahora pienso, un dolor más bien producto de un re-acomodo energéticoestructural que algo más grave. Sólo necesitaba descansar.
Con la nariz levantada en 45º para sentir el aire en la cara, y con la decisión de a veces tomar bus en lugar de metro, para mirar el paisaje de ensueño que se suele olvidar en el túnel.
Con algunos dedos estirados hacia el oeste, y un par de hilos rojos trasatlánticos que aún flotan sin disolverse.
Con amor, esperanza, y la profunda convicción de querer y hacer bien las cosas.
Y bien en el más amplio sentido de la palabra.
Así me pillaron los treinta.

Foto: Hugo González.

domingo, marzo 11, 2012

Rumba Improvisada


En mi radio-random favorita (www.fipradio.fr) apareció esta composición de Paco de Lucía. Y con la indescriptible rapidez del cerebro humano, viajé a más de veinte años atrás, cuando acompañaba a mi hermana mayor a sus clases de gimnasia rítmica, (supongo que a razón que mi madre no tenía con quién dejarme en esas horas). Mi hermana se había cambiado de colegio, y yo también, por lo que ya no hacíamos deporte juntas. La coreografía, repetida una, y otra, y mil veces, llevaba esta música. La cinta rosa, con estilete simulación madera, y la malla rosada y negra, me parecían perfectamente unidas al ensamblaje de cuerdas, bajo saturado y bongó que sonaba en los grandes parlantes del gimnasio del colegio.
Mi hermana debe haber tenido unos doce años y yo nueve. Estábamos todavía en una etapa en que, (quienes tienen hermanos de edades parecidas me comprenderán), éramos tratadas como una persona común. Mi mamá, primos y familia en general confundían nuestros nombres, nos vestían parecido (sino igual), y ambas usábamos anteojos. De esos pesados anteojos ochenteros nada confortables, menos a la hora del deporte.
Imagino - y creo recordar- que sentía la clara y obvia admiración de la hermana chica por la hermana grande. Compartíamos habitación, juegos, amigos, vacaciones, ropa, comida, peleas. Cuando caminábamos desde la casa hasta nuestro antiguo colegio para ir a clases de gimnasia rítmica, cantábamos siempre la misma canción, haciendo exactamente la misma coreografía. Ese afán repetitivo de la infancia y pre-adolescencia que pareciera cobrar sentido cuando eres adulto. Cuando eres niño eres capaz de ver cien veces la misma película, de repetir cien veces el mismo cuento. Tal vez sea para que luego, después de veinte o treinta años, no te olvides que fuiste niño y disfrutabas de esas simplezas como nadie.
Recuerdo el día de la presentación final de esa coreografía. Los días de graduaciones y presentaciones escolares, eran los más importantes de tu vida. Fiestas inolvidables en que todo debía salir perfecto. Donde las madres se maquillaban, se ponían sus mejores joyas, aparecían los padres con videograbadoras último modelo traídas, tal vez, de un viaje a la Argentina. Yo estaba igual de nerviosa que mi hermana, y repasaba mentalmente cada uno de los pasos, rogando que en el momento peak de la coreografía (el lanzamiento de la cinta al aire), ella la cogiera justo a tiempo, para que todo el esfuerzo de sus ensayos valiera la pena.

Evidentemente mi hermana y yo crecimos. Paulatinamente dejamos de vestirnos iguales, de comer lo mismo, la gente dejó de confundirnos los nombres. La formación del carácter y la necesidad de espacio hizo que no compartiéramos más habitación, y pronto tampoco la misma casa. Mis primeras y mayores inversiones fueron -y siguen siendo- en viajes diversos, hasta encontrarme donde estoy ahora. Ella invirtió siempre en tierra: su primer computador para diseñar, su trabajo, y ahora la linda familia que conforma con su novio y mi maravillosa sobrina.
Esta composición de Paco de Lucía aparece en el álbum Entre Dos Aguas (1976). Y ese nombre me hace tanto sentido ahora. Porque hoy estamos entre dos aguas. Tal como lo zigzaguean las uñas de De Lucía. Ambas enlazadas por cortos chats trasatlánticos.
Pero en el fondo, ella lleva una parte de mí y yo una parte de ella, que no se irán jamás. Porque desde la naturalidad siempre pensé que éramos una. Desde que usábamos la misma ropa, cuando nos preguntaban si éramos gemelas, hasta ese momento de la presentación final de gimnasia. Cuando aplaudí feliz al ver que tomó exitosamente el estilete desde el aire, para finalizar su coreografía.

jueves, febrero 23, 2012

PostalService

Estos días he recibido correo postal.
Regalos, cartas, libros, fotos. Todo físico. Tocable. Tocable por alguien que eligió eso para ti. Que lo puso en un sobre, escribió con su letra tu dirección, y fue al correo, con la ilusión de calentar tu corazón al otro lado del mundo.
El correo postal, dicen, es una especie en extinción. Como los libros. Como las cartas. Como las postales. Como las fotografías en papel. Justamente toda esa sincronía de cosas que me ha hecho tan feliz estos últimos días. El apocalipsis de la virtualidad, no acabará por reemplazar esa experiencia única.
El teatro no se acabó cuando se desarrolló el cine. El cine no se acabó cuando se desarrolló la televisión. La radio no desapareció con la tv tampoco. El Kindle no superará a un libro que -sin descomponerse- puede guardar granos de arena, de unas vacaciones inolvidables.
Preferir el sur al norte, te deja sin desierto. O sin el abrazo de un bosque.
Todos esos augurios atragantados, olvidan eso que el Sr.Lavoisier enunció hace más de doscientos años, en esta misma ciudad donde estoy plantada ahora.
Respiremos. Mandemos más cartas. Planifiquemos más vacaciones. Comamos más verduras, y digamos más el amor que nos tenemos. Así de budistajipizenmeditabunda. Que no se note (de esa) pobreza.

sábado, febrero 11, 2012

Vietnam: la section Anderson


(Un documental de Pierre Scoendoerffer, 65 minutos, transmitido por el programa Cinq colonnes a l'une, 1967).

Suena la bocina de atención del correo. Todos disimulan no estar ansiosos. O tal vez alguno verdaderamente no lo está. Porque no quiere saber cómo está el mundo allá fuera. Porque con los diez días de lluvia persistentes es suficiente. Porque tal vez su novia dejó de esperarlo, o no quiere leer las letras de su madre, que esconden bajo una cuidada caligrafía, una descuidada angustia que no la deja dormir por las noches.
Un soldado que silba mientras abre una carta, mira a su alrededor y espera enfriar la ansiedad silbando. Qué habrá en ese papel esperado. El secreto que no se sabrá jamás.
El mismo secreto que cada soldado que ha partido a una guerra, se lleva para siempre. Ya sea en el campo de fuego, o cincuenta años más tarde, en una (in)tranquila cama de hospital.

martes, enero 24, 2012

Carencia Programada


En mi residencia universitaria (por si no lo había contado, la más linda del mundo mundial), ayer estuvieron haciendo reparaciones técnicas y cortaron teléfono e internet todo el día.
Coincidentemente tampoco tenía clases, y ando con una tos del demonio, por lo que aproveché de quedarme en casa.
Al principio, al constatar que el navegador no abría ninguna página, hice todos esos trucos que hacemos cuando eso sucede: desactivar/activar airport, cerrar abrir, reiniciar, comprobar todo una y otra vez, etc. Como soy una maldita dependiente, tengo mi iphone conectado 24/7, donde pude comprobar (en el fcbk de mi residencia), que había corte telefónico y de red completa (y pánico cundiendo entre los residentes).
Entré, evidentemente, en pánico también (aún teniendo, repito, mi estupendo aparatito conectado todo el tiempo).
Y como para un adicto el primer paso, en el que se reconoce que se es adicto, es el más difícil, me tardé en aceptarlo.
Y entonces me puse a hacer cosas. Como leer mis libros. Como lavar el alto de ropa que tenía pendiente, menesteres domésticos, de belleza, yoga, tertulia nocturna con compañeritos, y hasta ir a jugar billar con mi nuevo amigo iraní.
Hoy no quise averiguar si el internet había vuelto. Seguí haciendo como que no había, me levanté temprano, (sí, lo admito, revisé rápido mi correo en el iphone), hice más orden y limpieza, y fui a hacer compras que también tenía pendientes.
Ahora, al regreso, mientras figuro sentada frente a mi computador, en la posición más recurrente del 90% de la gente que habitamos en este lugar, me planteo qué tal sería autoimponerme un día a la semana sin internet.
Así como una se hace la voluntad de intentar hacer deporte, de intentar comer sano, de subir la escala normal, en lugar de la mecánica o el ascensor.
¿Qué tal estaría mi voluntad para alejarme un día, sólo UN DÍA, de estar enchufada al 100%?
¿Cuánto nos perdemos (asumiendo que ganamos mucho también), por estar clavados en la pantalla de nuestro computador/tablet/smartphone, etc?
Re-aprender que no todo puede estar a un click de distancia (o menos?)
Sin ir más lejos, en la tertulia con mis vecinitos de residencia, cada vez que intentábamos dar un argumento en torno al tema de discusión, alguien decía "búscalo en wikipedia". Hasta que alguien dijo "podemos sólo discutir, sin wikipediarlo todo?"
Y viene a mi mente la imagen cliché de los cortes de luz en mi ciudad natal, Santiago de Chile. Corte de luz, y la familia reunida en torno a velas conversando, esperando el momento en que llegue la electricidad, o que se haga tan tarde, que haya que ir a acostarse en la penumbra.
No estoy hablando que todos estos aparatos están vinculados al demonio, que nos deshumanizan radicalmente o que nos pueden producir cientos de cánceres. Para eso están las religiones y las revistas científicas.
Sólo quería abrir mediante este post, el pensamiento de dejar un poco de tiempo al azar.
De hacer el (tantas veces necesario) ejercicio de la carencia programada.

viernes, diciembre 23, 2011

Chapiteau


Cuerpo que destella cuerpo. Se balancea y vaivenea deseo.
Cuerpo que muestra sus plumas, cada vertiente de sus músculos. Cada partícula de esfuerzo contemplado.
Que brilla, suda, serpentea, se lanza para rebotar en el suelo.
En una carpa que puede ser de circo o de sábanas.
El cuerpo merodea para reconocerse.
Para confirmar la existencia y su propósito fueguino.

martes, diciembre 20, 2011

Teillier

Lo compartió una amiga hoy.
Y siempre es tan bueno visitar a Teillier. Es como cuando se vuelve al sur. A respirar bosques, lamer ríos y tocar tierra.
Cuánta falta de sur en tierras del norte.

"Tú que de la nada sabes más que los muertos”,

de Jorge Teillier

“Tú que de la nada sabes más que los muertos(*)”
Tú que temblabas sobre el papel en blanco
Acuérdate de mí que ya no llevo archivos.

Acuérdate de mí que ya no llevo archivos
Ni me conmueven estas líneas que escribo
Ni el vuelo de las golondrinas cada vez más oscuro
Y que no cambiaría por un oro invencible.

Tú que tiemblas sobre el papel en blanco
Acuérdate de mí que escribo cuando me da la gana
Y que no he renegado de una sola palabra
Y no espero oír el canto de los Tripulantes.

He encontrado la nada en unos brazos desnudos
He encontrado la nada en el llanto de un recién nacido
He encontrado la nada en flippers y museos
“Tú que de la nada sabes más que los muertos”.


(*) está en comillas, porque es una cita a Mallarmé

domingo, diciembre 04, 2011

Recuento

Varias veces he llorado de emoción. Películas, libros, escenas en la calle.
Pero creo que este año lo recordaré como el de las lágrimas de emoción por asuntos profundamente personales, por logros largamente esperados, por esperas premiadas, por la felicidad profunda del trabajo bien realizado.
La publicación de dos libros, el éxito de emprender este viaje en un contexto sin igual. Y ahora. El momento en que me siento a escribir un domingo, pensando ya no sólo en que un profesor mirará el texto para evaluarlo después. Es un texto que lleva uñas, sangre, piel y saliva. Cuerpo, historia, y el ansia furtiva de conectar océanos.
Qué lindo es hacer lo que uno ama por la máquina.

jueves, noviembre 24, 2011

Garabato

Tengo un alto de hojas esperándome para estudiar. Mañana tengo examen.
Pero me encontré con este post viejo. Y lo volvería a escribir. Carpetas escondidas siguen inundando mis archivos virtuales. Y las últimas hojas de los cuadernos, las boletas de los cafés, los bordes del periódico del metro, siguen siendo testigos callados de mis andanzas por ésta, mi nueva ciudad.

lunes, noviembre 14, 2011

Material Love (pero del bueno)




Hablaba con Jaime hace unos días de cómo él había decidido devenir en un lado más artístico, puesto que su profesión (diseñador industrial) lo llevaba a crear necesidades, y eso le incomodaba impúdicamente.
Estando bien de acuerdo con su posición (sobretodo porque es muy bueno en lo suyo), no pude dejar de reflexionar sobre la nueva adquisición de mi Iphone.
Digamos que, antes que el celular pasara a ser una necesidad, me resistí durante años a tener uno. Y ahora pasé de tener el nokia corriente que dan sin costo en los planes, a un monumental Iphone 4s blanco, apolíneo y con mil aplicaciones y mundos por descubrir. Sí. Los zen reales pueden discutir esta apreciación, pero a mí lo que me hace feliz de mi iphone, no es (sólo) su color, su magnífico diseño o la facilidad para manipularlo. La felicidad profunda que me produce es, sobretodo, el poder hablar con mis amigas que pasean por un veraniego Buenos Aires, mientras yo estoy cenando en mi casa en Paris. Me entrega la maravilla de poder preguntarle a mi amigo Felipe, que tuvo un grave accidente hace unas semanas, si su recuperación va mejor, vía Whatsapp, mientras voy en el tren de vuelta a mi casa, y él mira por su ventana en La Unión, sur de Chile.
Este aparatito me entrega la posibilidad de compartir la poesía que es la entrada a mi residencia universitaria en otoño.
Y sí, parezco un comercial de esos malos de telecomunicaciones. Puede ser. Y tb puede ser que los encuentros personales no tengan comparación. Absolutamente de acuerdo.
Pero creo que todas estas voces que cuentan que vivimos una era nueva, una mutación de paradigmas, etc, tienen mucho que ver con esta facilidad para estar conectados con los otros. Dónde estén.
Esa materialidad, podría discutirle a Jaime, nos calienta el corazón.
Porque desde que a alguien se le ocurrió hacer señales de humo para comunicarse, la verdad necesaria de extender las manos (reales o virtuales) para tocarnos con otros, es innegable.

martes, octubre 18, 2011

Hemisferio Norte


La profunda intuición de estar en lo correcto.
Eso por ahora.
(y una noche animada de risas nuevas)

jueves, septiembre 22, 2011

Conjugación

Ver. Ver. Tocar y ver. Cantar, vapor, calor.
Morder, saber, cantar, callar. Ver.
Caminar.
Bailar.
Tocar.
Volar.

lunes, septiembre 12, 2011

Domingo

Un domingo soleado de larga caminata, pensé algunas varias cosas.
- Qué bueno es salir sola a ver la exposición que quieres y demorarte cuánto quieras en cada pieza. Tomarte un helado. Mirar y escuchar conversaciones ajenas.
- En caso que algún día se me ocurra sentar cabeza, tener hijos y hacer vida matrimoniable, NUNCA debo decirle "papá" al que realmente es el padre de mis hijos ¿Qué desorden Freudiano es ese por Dior?!
- Con todo el orgullo que me da ser mujer, a veces hablamos tanto, TANTO las minas. ¿Es necesario comentar tanto la vida ajena además?
- No puedo comprarme ropa; parto en dos semanas, y sólo puedo llevar dos míseras maletas
- Es bueno ser peatón, y no tener que estresarse por no encontrar estacionamiento
- Cuando era chica pintaba. Hace siglos que no pesco un pincel y hace semanas q me ronda la idea de hacerlo de nuevo.
- No me gusta el Parque Arauco
- ... (no se puede contar)
- Es bueno después de un día contigo misma, ir al cine acompañada :)

viernes, septiembre 09, 2011

Empatía

A mi amiga del alma un pelotudo le rompió el corazón. Y mi amiga no es muy de abrazos, ni conversaciones sin filtros, como suelen ser algunas conversaciones femeninas. Ella es de pequeños gestos y de una independencia engañosa. Entonces una se las anda ingeniando para contenerla.
Yo trato de hacerlo como sea, (aunque eso signifique emborracharse a media tarde en mitad de la semana), porque me pone de tan mal humor que un viejote ya, que tiene dos de los peores tres atributos que puede tener una pareja, sea el directo responsable de la pena inconsolable de ella.
¿Cuáles son esos atributos? Creo que en algún otro posteo de este blog lo comenté. La trilogía del terror: ni flojos, ni avaros (se entiende tampoco egoístas), ni cobardes.
Este se sacó un diez en las dos últimas materias, gr.

viernes, septiembre 02, 2011

Punto Aparte. José.


Un viaje a la semilla. Con las manos enjugadas en pintura.

La historia manchada en la piel.

La sangre cableada entre océanos.

Un retorno al motor que pone a andar un día. Un año. Una vida.

Un sueño amasado a diario. Sin descanso. Aún en el blanco.

Un rito de pasión eterno. Hasta la eternidad de flotar como en sueños.

Sin despertar nunca más.

Trazos rojos, negros, blancos, azules.

Una escoba sirve para pintar.

Lo importante es nunca, (pero nunca),

Dejar de alzar los ojos al cielo.

E imaginar. Desear. Soñar. Creer. Llorar.


domingo, agosto 28, 2011

Guest


José Luis extiende su mano, que es una cámara.
Y abraza, escucha, ama, contempla, se asombra.
Y toca lo que todos (o al menos algunos) queremos tocar en nuestros viajes.
Qué placer la honestidad de su búsqueda.

sábado, agosto 20, 2011

Siempre Demasiado Don Raúl


No quiero hacer semblanza artística o intelectual de Don Raúl. Porque para eso están los diarios. Quiero contar que siempre estuve cerca-lejos de su figura. Porque cuando viví en París, él estuvo en Santiago, y cuando volví a Santiago, él se fue a París. Porque cuando escribimos el libro, se nos hizo muy difícil poder conversar con él y porque, cuando un conocido me contó la semana pasada, que su cáncer había llegado a los pulmones, me dije "estaré en París en un mes; tal vez alcanzo a llegar".
Ahora que se fue, me consuelo de no haberlo conocido personalmente. Porque así puedo mitificarlo libremente. Puedo tomar la tarea de difundir sus películas, en las pequeñas instancias profesionales que tenga; puedo crear la imagen inspiradora de quien odiaba a los aduladores; y bien difícil que debió ser no adularlo.
Se nos fue otro poeta. Alguien, creo firmemente, agarró la esencia de nuestro terruño, para escribirla y ponerla frente al mundo. Y frente a nuestros ojos también.
Nos quedan sus decenas de películas, y hay tarea por hacer.

domingo, julio 31, 2011

Violeta Volvió de los Cielos

(Comentario a la película de Andrés Wood, Violeta se Fue a los Cielos. También publicado en R7A, Revista Séptimo Arte)

A Violeta Parra no hay que presentarla. Deben ser muy pocos los chilenos, y también extranjeros interesados en la música y la cultura lationamericana, a los que su nombre, al menos, no les suene. Deben ser pocos también los que no tienen algún tipo de opinión sobre ella. Opinión que puede ir desde el máximo cliché (positivo o negativo), hasta el sentimiento de una conexión personal y profunda, con su vida y obra.

Estos últimos, han sido los años en que la sociedad chilena ha removido sus añosas vigas centenarias: tuvimos por primera vez una mujer presidenta, una revolución pingüina, un terremoto, y un actual despertar ciudadano en las calles. Y el arte no se ha quedado atrás. Han surgido películas documentales y ficciones que han ido retratando los cambios que Chile está viviendo como sociedad en los últimos diez o quince años.

La figura de Violeta Parra en el cine era una deuda pendiente hace mucho tiempo (sobre todo en el cine de ficción). Y es quizás esa no-necesidad de presentación, esa calidad de mujer-mito (casi fundacional en nuestra cultura actual), lo que ha jugado en contra de su representación cinematográfica.

Competir con la potente imagen de sus entrevistas, reutilizadas en gran cantidad de documentales y programas de televisión, parecía una tarea prácticamente imposible de realizar. Pero el tiempo pasa, y Andrés Wood, luego de años de trabajo, decidió enfrentarse con este mito- matriarcal-fundacional para la cultura chilena y latinoamericana. Y decidió enfrentarse con las armas que mejor conoce y que ha cultivado en su carrera de cineasta: la enunciación, la poética sutil de la imagen, la fortaleza de la música como discurso; la incidencia definitiva de la emoción.

Andrés Wood, desde su primer largometraje Historias de Fútbol, estrenado en 1997, pasando por la reconocida El Desquite (1999), o la menos conocida La Fiebre del Loco, hasta llegar a Machuca

(2004), La Buena Vida (2009) o su más reciente incursión en televisión con la serie Los Ochenta, ha trabajado con este particular sello, enfrentándose a los grandes o pequeños mitos-hitos, que constituyen el corazón de nuestra identidad reciente. Si bien es cierto y sabido que el cine es una tarea colectiva, en que técnicos(as), actores, actrices, artistas, guionistas, montajistas y todo el gran equipo que se reúne en favor de una creación, la labor del director o directora, de aglutinar todos esos esfuerzos bajo una mirada, deja y debe dejar un rastro autoral innegable.

Violeta se fue a los Cielos es el desafío de retratar esta madre rabiosa, creadora y apasionada, que esta tierra vio parir con dolor. El mismo dolor que la hizo apretar el gatillo en un silencio escalofriante. El desafío no resulta menor: no hay mayores fuentes directas que sus canciones, algunas entrevistas (como la que aparece reconstituida en la película), una personalidad difícil, y recopilaciones que le inspiraron su andar por los campos chilenos. Eso, a pesar de la multiplicidad de libros y estudios que se han llevado a cabo en su nombre, incluyendo una importante ancla para esta realización: el libro de su hijo Ángel.

La película es también el esfuerzo de hacer que quien no la conoce, o no sabe de ella lo suficiente, se entere mediante un relato paralelo, en donde se intercalan historia y emoción, poesía, canto, valentía, sufrimiento, paisajes, y una actuación desbordante de su protagonista, de quién fue finalmente esta mujer mítica e incomparable, de la que todos, muchas veces con el miedo de no conocerla suficiente, escuchamos, repetimos y hablamos.

Violeta se fue de este mundo hace más de cuarenta años. Y no lo parece, porque su discurso sigue en el aire resonando como el mejor de los clásicos. Su hijo Ángel dijo que Violeta se Fue a Los Cielos, y Andrés Wood hace el mejor de los intentos, por traerla de vuelta, para recordarla, homenajearla, y volvernos a encontrar con su figura poética, de mujer fuerte e inspiradora.

Aquí su página web. Desde el 11 de agosto en los mejores cines.

jueves, julio 21, 2011

Luna en Aries



Pálida rosa la luna, indica el camino.

Ojos cerrados, sonrisa de labios mordidos y paso firme, la sigo.

Luna luminosa y palpitante.


Papel. Corcel. Pincel.

Tu nombre otra vez.

viernes, junio 24, 2011

Joris Ivens en Chile: El Documental Entre la Poesía y la Crítica*

Hace un poco más de tres años, recibí una llamada de mi ex-profesora del hoy Magíster de Cine Documental, para que presentáramos un proyecto al Fondo del Audiovisual. El proyecto se trataba de la visita del cineasta holandés Joris Ivens a Chile. Poco y nada se sabía de aquello. Una o dos imágenes y una mala copia de su película A Valparaíso que circulaba por ambientes académicos y cinéfilos era lo que había. Recuerdo que estaba en la Biblioteca Nacional y no podía hablar muy fuerte. No dudé en aceptar. Sólo unos días después estábamos de cabeza junto a Pedro Chaskel y Vivi Erpel, dándole cuerpo al proyecto: Barrer toda la información posible, estrujar los recuerdos esquivos de Pedrito, ajustar los presupuestos a una planilla comprensible, cotizar, cotizar y cotizar.
Y ganamos.


Y comenzamos a buscar, entrevistar, idas y vueltas a la biblioteca nacional, archivos, casas particulares, Santiago- Valparaíso, Paris-Amsterdam-Nijmegen, fundaciones, cinetecas, libros, personajes olvidados, cruzar los dedos para que participantes de esos tiempos aún estuvieran vivos... y más bibilotecas. Todo un camino rasguñando cualquier pista que haya dejado este volador errante en sus visitas a Chile. Maravillosas personas conocimos en el camino. Maravillosas personas que nos dejaron en el camino también: Carlos Böker y Gustavo Becerra.

Luego vino el duro tiempo de la escritura. La prórroga de proyecto, mi estadía en Paris, compartida con la tarea de corregir texto una y otra vez. Mails de ida y vuelta de documentos con control de cambios, demoras, discusiones y colon irritable.

Y aquí estamos. Hoy, luego de tres años de esa primera llamada, el libro se presenta en el marco del XV Festival Internacional de Documentales de Santiago FIDOCS. Al fin. El trabajo terminado, y el convencimiento, sin falsas modestias, que esta publicación es un aporte a la historiografía de nuestro cine nacional.


*Disponible YA en librerías (en Librería Cuarto Propio de calle Esmeralda, tendrán un jugoso descuento).