Me paso horas metida en los archivos leyendo, recopilando, interpretando, reinterpretando. Debe ser el trabajo que me ha hecho más feliz en la vida. Debe haber gente que no entienda cómo se puede disfrutar en un lugar encerrado por horas con libros, revistas y documentos que te hacen estornudar y rascarte la nariz. Pero la vida está ahí también, los anaqueles llenos de volúmenes son el banco de sangre de nuestra historia. Y están ahí, esperando para que uno vaya a sumergirse.
¿A qué va todo esto?
Hoy día se cumplen 26 años de la muerte de un ex presidente.
Yo no soy DC, ni pró DC, ni creo en los mártires de nada. Los héroes me causan sospecha por una desconfianza endémica. Los cultos a cualquier cosa me causan incomodidad, porque sabremos ya a estas alturas que los seres humanos somos complejos y estamos llenos de situaciones claras y también oscuras.
Pero el aniversario de la muerte de Frei me toca especialmente este año, porque llevo meses metida investigando las décadas del 1930 al 1970 en una publicación periódica, y cuando uno revisa revistas o diarios, quienes aparecen ahí vuelven a la vida. Entonces me imagino que estoy metida entre los problemas de inflación de Alessandri, los problemas de libertad de prensa de Ibáñez o la inmensa polarización que sobrellevó Frei. Y pueden haber miles de posiciones ideológicas que pueden decir miles de cosas, pero que a 26 años de la muerte de un ex presidente, se siga dudando de si fue asesinado o no, me sigue resultando escalofriante.
Cuando uno se pone a revisar documentos que antecedieron a eventos históricos importantes, por ejemplo
Revisando entonces documentos de los años cincuenta y sesenta, es posible sentir, casi corporalmente, cómo el enfrentamiento de la sociedad chilena era una olla a presión a punto de estallar. Y muchos pagaron los platos rotos. Schneiders, Freis, Letelieres y miles más.
La vida y la historia continúan, está claro. Por más que los archivos sean mi adoración, sé perfectamente que los años pasan y la historia se sigue escribiendo todos los días. Pero como siempre he insistido, para avanzar, hay que tener claro qué pasó. Y nos falta reflexión. Nos falta reflexión como país.
Frei murió el año en que nací. Y aunque para muchos eso resulte la justificación para recriminarme que no tengo idea de lo que hablo, porque no viví la época, para mí no deja de ser un aliento para seguir repitiendo que un pueblo sin memoria, es una máquina sin alma, media ciega y tartamuda.
Y todos merecemos mucho más que eso.

















